A confesión de parte…

Con sus habituales capacidad y erudición, Karina Mariani se ha referido a la publicación de Time acerca del complot para amañar las elecciones norteamericanas (La revista Time y la novela del fraude bueno. La Prensa 7/II/21). Por su lado, Roberto Pecchioli (Parola di Time: le elezioni americani erano truccate. Blondet & Friends https://maurizioblondet.it/) apunta detalles similares que hacen de ambos trabajos aconsejables fuentes, no reproducibles aquí. Pero la extrema gravedad del  hecho merece acercar alguna otra reflexión.

En efecto, la conocida periodista Molly Ball (The Secret History of the Shadow Campaign that Saved the 2020 Election, Time 4/II/21) publicó un insólito “relato” epopéyico de cómo, a lo largo de todo el año 2020, se montó un creciente operativo para “salvar a la democracia” amañando los comicios. Por supuesto, proviniendo de una publicación completamente integrada con el “establishment” del Partido Demócrata, la manipulación se pinta como una noble maniobra salvadora que logró evitar las posibles malas artes del presidente Trump para lograr su reelección. La novela de la campaña empieza en la cocina de un sindicalista llamado Mike Podhorzer que emplea el zoom como lanza salvadora, convirtiéndose así en una nueva suerte de “padre fundador’ capaz de convocar, en virtuosa reunión, a las humildes bases de izquierda con lo más encumbrado de los CEOs empresarios. Todo para evitar que Estados Unidos pudiera escaparse de los límites estrechos del nuevo orden mundial.

Pero, más allá del muy probable fraude del que mucho se ha hablado y al que, por su parte, Mike Lindell -un industrial que ha apoyado a Trump desde su comienzo- da por seguro (https://michaeljlindell.com/), indicando que ganó por 75 millones de votos contra 68 de Biden y “demostrando” un enorme cyberataque en el cual estaría comprometida China, lo que importa aquí fundamentalmente es la claridad con que tirios y troyanos exhiben la fragilidad de la democracia siglo XXI. Para peor, en el país fundador, cuya Constitución fuera elevada como ejemplo supremo para la original nuestra desde el siglo XIX.

En síntesis, después de poco más de dos siglos de vigencia, la organización política norteamericana, en apariencia republicana y democrática, se ha derrumbado bombardeada por la guerra cultural y la tecnología. ¿Quién, si no, triunfó tras la manipulación?: una ideología que desnaturaliza desde lo genético hasta lo espiritual. Que reinventa, a favor de la degeneración, desde las inocentes historietas de Walt Disney hasta las más nobles expresiones religiosas. Baste detenerse apenas en la orientación educativa del nuevo gobierno de EEUU, mostrada en su inmediato apoyo a las políticas abortistas de Planned Parenthood para verlo inequívocamente.

¿Y a nosotros qué?: Una vez más la sujeción cultural.

Porque, aunque con distinta ropa, la matriz ideológica de los Fernández es la misma de la del gobierno de Biden (hablemos claro: los gobiernos de las Vicepresidentes). Ambos descreen de la matriz histórica de sus patrias, ambos se zambullen en la “mélange” socialdemócrata que enferma a Occidente y lo hace tambalear frente a la China; pero, sobre todo, ambos están definitivamente contra la vida. Exactamente lo contrario de lo que hace más de setenta años indicaba Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría) en un artículo olvidado: “Los hombres de gobierno y todos los que se interesan por la prosperidad de su patria, y creen que su principal riqueza es su población, viven preocupdos por este problema y no apartan los ojos de eso que los estadígrafos llaman “tasas” de natalidad y de mortalidad.” (¿Habrá algún día 50 millones de argentinos?, Revista Argentina 1/VII/1949). Justa observación cuya respuesta es hoy la anemia de población blanca y cristiana en todo el mundo occidental.

¿O alguien puede dudar de que aquí también tenemos alto riesgo de vivir la “informal alliance between left-wing activists and business titans” que relata Time “to protect the election”. En nuestro caso, proteger a la democracia matancera. 

Si en EEUU no dudaron, según confiesa la revista, en desviar dinero destinado a la lucha contra el Covi19 hacia la “administración” de las elecciones desde marzo de 2020, ¿qué puede esperarnos de este gobierno que ya anda balanceando las fechas del comicio por miedo a la reacción social que se encamina al estruendo? De ellos esperemos el empleo de toda la capacidad digital y física para organizar el fraude. Esperemos que, como en Norteamérica, quieran justificar que van a hacer mula para evitar la mula.

Resuena, sin embargo, una verdad que nos trasciende: la democracia que nos engaña está muertaTime acaba de firmar su certificado: paro cardíaco no traumático. Un nuevo corazón republicano que vuelva a edificar a la patria desde abajo a arriba, despejado de esta cabeza esclava de la mentira y basado en un pueblo que todavía está sano en su mayor parte, es hoy la tarea imprescindible a construir.

Hugo Esteva.

Fuente: Diario La Prensa.

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