A propósito de las elecciones en EE.UU.

Se ha convertido en un lugar común, en campañas electorales y otras actividades que concitan el interés público, las denuncias sobre manipulación de la información por parte de los medios masivos de comunicación.


Esta creencia, instalada en grandes sectores de la población, supone que existe un acuerdo tácito entre determinados medios y de éstos con ciertos centros de poder económico-político, para condicionar la opinión pública respecto de algún evento importante o para influir en la toma de decisiones que afecten la vida colectiva.


En esta nota nos proponemos aportar alguna constancia que eche luz sobre el tema. En primer lugar debemos señalar que, por caso, el Sr. Trump, presidente de Estado Unidos acusa a ciertos medios de su país de esa colusión y en nuestro medio, también por caso, que el kirchnerismo formula similar acusación. Tratándose de antípodas ideológicas, cabría pensar que ambas acusaciones son producto de la pasión sin asidero en la realidad.


Pero ciertas experiencias personales nos hacen dudar de esta interpretación.


Escudándonos en que el tango ha consagrado aquello de “que 20 años no es nada”, invitamos al lector a retroceder en el tiempo hasta el año 2000 y recordar la campaña mediática profusamente realizada desde mediados de 1999, afirmando el siglo XXI comenzaba en el primer minuto del 1º de enero de 2000.


Recordamos asimismo, haber leído en la sección “correo de lectores” de La Nación, cartas del decano de la Facultad de Ingeniería y de la Academia Nacional de Ciencias, señalando el grosero error científico que esa campaña cometía e inducía a cometer al público en general, pero el Diario, en sus secciones informativas y/o especializadas no se hizo eco de tan fundadas opiniones y por el contrario, continuó batiendo el parche sobre el evento que iba a suceder en la medianoche del 31 de diciembre de 1999 y sobre cómo iba a ser celebrado en los distintos usos horarios donde el suceso se iba a ir produciendo, conforme a la rotación de nuestro planeta; llegando a publicar una edición especial retrospectiva con los acontecimientos más destacados acaecidos a partir del año 1900; es decir, dando por sentado que el siglo XX terminaba en 1999.


Esto que afirmamos es perfectamente verificable recurriendo a la biblioteca del propio Diario; empero, también sucedió que pocos días antes del esperado y publicitado cambio de siglo, una nota del Sr. Halperín, “de la redacción de La Nación”, según se leía abajo de su nombre, publicada en la página 10 de la edición del 20 de diciembre de 1999, reconocía que todo el bochinche realizado había sido una mera operación de marketing y que para ingresar al tan sonado siglo XXI, había que esperar un año más. Es decir, La Nación, como quien dice, quiso salvar la ropa para no quedar pegada en la difusión de una burda tergiversación. Cosa que sucedió con otros medios, particularmente los audiovisuales, que persistieron en la operación “marketinera” hasta con emisiones especiales, que conectaron las capitales del mundo a donde iba llegando el nuevo siglo y no dijeron ni una palabra respecto a lo que la ciencia y el calendario más elemental demostraban: que el 31 de diciembre de 1999 era un fin de año igual a cualquiera de los anteriores del siglo XX y que ningún acontecimiento astronómico señalable iba a suceder el 1º de enero de 2000, fuera del inicio de ese año.


En respaldo de esto que hemos descripto y que nos hace ser escépticos sobre la pureza informativa de los “mass-media” en general, sin por ello caer en teorías conspirativas, acompañamos copia facsímil de la citada nota del Sr. Halperín y de una carta del autor de estas líneas a la sección “correo de lectores” ya mencionada, fechada con anterioridad a dicha nota y que, contrastando lo que La Nación había publicado el 1º de enero de 1901 (extraído de la antedicha edición especial retrospectiva) y lo que publicaba en aquellos días, tomaba en solfa todo el asunto. Naturalmente, esta última nunca fue publicada.

Alberto Santos.

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