Dante revisitado.

Ya no se trata de cambiar los cuentos tradicionales o los dibujos animados como pretenden hacer hoy tildando de abusadores, acosadores, o patriarcales al lobo de Caperucita, al príncipe de Blancanieves; o discriminados al Mercader de Venecia y al Patito feo.

Ya se la habían agarrado con Shakespeare o José Hernández y recientemente una escritora insinúa que La Odisea fue escrita por una mujer.  El asunto es ir sembrando la semilla de la demolición de lo que se alza indubitablemente como columnas inapelables que se alzan contra las nuevas ideologías.

Ahora le tocó a la Comedia de Alighieri. Y no en una versión teatral under o en una historieta, sino en una traducción editada en los Países Bajos.

Llegados al octavo círculo del  Infierno la traductora, en complicidad con el editor de Blossom Books, se encuentran con Mahoma, al que Dante ubica allí porque al difundir su religión habría sembrado la división en la tierra, lo cual los lleva con total impunidad y autoritarismo a suprimir su nombre argumentando que la inclusión es  totalmente denigrante.

Lo curioso es que en traducciones modernas en árabe el texto es respetado y a nadie se le ha ocurrido alterarlo como señala el escritor marroquí-holandés Abdelkader Benali: “Todas las personas de origen musulmán que reaccionaron –afirma– encontraron doloroso este asunto, especialmente en estos tiempos de cancel culture. He consultado varias traducciones de Dante en árabe. Los traductores modernos han dejado el pasaje en su lugar, a menudo con notas a pie de página que explican que se trata de un autor literario y una escena que debe ubicarse en su tiempo y contexto político.»

Por su parte, Peter Vestegen, autor de una traducción anterior de Dante, juzga: «Para mí, es censura». “La Divina Comedia es una obra maestra sacrosanta, no se puede cortar así. En los Países Bajos, nunca me lo han pedido. Es cierto que, en el caso de una adaptación, tenemos más libertad, pero luego debemos indicar en el libro que es una adaptación y no una traducción. En cualquier caso, nadie pidió esta rendición”.

Ciertamente, los hijos de las tinieblas son astutos. No desfallecen en su estrategia  de poner el grito en el cielo contra los que queman libros mientras advierten  cuánto más fácil es quitar una sola palabra de una de las más grandes  de la literatura universal. O cambiar de género a un héroe y transformarlo en una mujer empoderada, en el cine, en los cuentos infantiles y en todos los medios que hoy tienen a su disposición.

Por Juan Martín Devoto.

Fuente: Diario La Prensa

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