El Vaticano como Unidad Básica.

«Si acaso gobernaras a tu pueblo/­

No has de olvidar que todo poder viene de arriba/­

Y que lo ejerces por delegación, como instrumento simple de la Bondad Primera/­

Josef, el gobernante que lo ignora u olvida, se parece a un ladrón en sacrilegio/­

que se va con el oro de una iglesia.­

Leopoldo Marechal, La Patria, 1960­.

En 2015, el Papa Bergoglio nombró a Juan Grabois -piquetero K, a tiempo completo- consultor del Pontificio Consejo de Justicia y Paz.

En septiembre de 2020, designó a Gustavo Béliz, como miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, órgano vaticano, que tiene por finalidad «…promover el estudio y el progreso de las ciencias sociales, económicas, políticas y jurídicas a la luz de la doctrina social de la Iglesia». Béliz, como sabemos, es el Secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la Nación.

En abril de este año, Bergoglio concedió a Grabois un ascenso. Lo hizo miembro del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano.

Ahora, acaba de nombrar al Ministro de Economía, Martín Guzmán, en la citada Academia Pontificia de Ciencias Sociales. En ella, como aquí en las reuniones de gobierno, ha de codearse con Béliz.

Dicha Academia tiene veintiún miembros, provenientes de trece países. La preside el obispo argentino Sánchez Sorondo, de modo que nuestro país no aparece poco representado dentro de ella. Más bien, lo contrario.

Es llamativo que sus otros dos argentinos -Béliz y Guzmán – hayan llegado en el espacio del último año e integrando este gobierno, el cuarto de signo K. Cuya finalidad primordial es lograr la impunidad de Cristina y de sus secuaces.  Y aquí está el problema. Parece claro que no se ha cumplido con un requisito estatutario de dicha Academia, según el cual sus integrantes deben ser «…nombrados por el Santo Padre en función de sus competencias en ciencias sociales y de su integridad moral». Así lo dispone el art. 3 de sus Estatutos. ­

Es posible que Guzmán y Béliz vivan de su sueldo y no de otra cosa. Démoslo por hecho. Pero ello no es suficiente para atribuirles «integridad moral».

Porque ella no existe cuando se forma parte de un gobierno, plagado de escándalos y con tentáculos que llegan al corazón de un Poder Judicial complaciente con la inmoralidad pública.

Béliz y Guzmán no son niñitos que ignoren como se gestó el sobreseimiento de Cristina en la causa Hotesur, casi simultáneo, al nombramiento del segundo en dicha Academia. Además, obedecen al presidente -sí, con minúsculas- de la fiestita de Olivos y comparten afanes políticos con figuras de la probidad moral de Moyano, Boudou, De Vido y otras alhajas.

Prestan, pues, en el ámbito político, el grado de colaboración que, en el ámbito penal, es castigado con la misma pena que le cabe al delincuente. Claro, ésta no es la esfera penal. Estamos en el plano político. Pero en él, vale la condena moral. Y no es que en este gobierno haya algún corrupto. Sucede lo inverso: a su través, la corrupción se ha institucionalizado. Nadie, mayor de edad, ignora con quien colabora, ni los fines que persiguen aquellos a los que asiste.

Grabois, por su parte, dijo hace muy poco que le «hacía ruido» la fortuna de los K. Al día siguiente, volvió sobre sus pasos y se disculpó, cobardemente, con ellos. En otras palabras, sabe que roban, pero consiente. 

Hay quienes, con buena fe, ven en Bergoglio una personalidad universal que, cuando actúa, no lo hace pensando en su país natal. La realidad, lo estamos viendo, es otra. Dada su trascendencia, está universalizando sus preferencias en cuanto a política argentina. A la cual, envía mensajes.

Se podría decir que la incorporación de Guzmán a tan importante Academia, constituye un respaldo a Fernández, jaqueado por el extremo K del gobierno. Sería, así, un mensaje interno para el Frente de Todos: hay que arreglar con el FMI. ­

Claro que, por otra parte, Cristina no habla. O dice que «la lapicera» es de Fernández. Es posible que siga sin hablar. De ese modo, podrá hacer valer su silencio como asentimiento, si la cosa anda, o como terca oposición, si sucede lo contrario.

Bergoglio, en otro plano, es neutral. Promueve a Guzmán y a Béliz que, por una parte, son funcionarios de Alberto y, por la otra, acatan mansamente las órdenes de Cristina. ­

Son muchos sus gestos de preferencia para con el Frente de Todos. Estas designaciones en cascada de miembros de su gobierno en Academias o Dicasterios lo pone de manifiesto. Además, tuvo demasiada relación con el peronismo, a través de Guardia de Hierro, como para ser políticamente ingenuo.

Encabezamos estas líneas con un fragmento del poema Patria, de Leopoldo Marechal. Intelectual al que invoca, usualmente, la progresía K. La cual, sin embargo, olvida intencionalmente lo que dice este poema, con el que saludó el sesquicentenario de la Nación, allá en 1960. ­Como vimos, en él comprara al gobernante corrupto con «un ladrón en sacrilegio que se va con el oro de una iglesia». Lo mismo cabe a sus partícipes necesarios. Los K, ignoran esta poesía, con toda intención. Es que  se ven espejados en ese ladrón sacrílego. A Francisco, en cambio, repasar ese poema no le haría mal.

Por Daniel Zolezzi.

Fuente: Diario La Prensa

Compartir el artículo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Bibliografía recomendada.
Grupo República

La estafa con los desaparecidos.

Con prólogo de Juan Bautista «Tata» Yofre, este nuevo libro de José D’Angelo describe documentadamente, con 10 escandalosos ejemplos tomados entre miles, cómo – desde la Secretaría DDHH y el Ministerio de Justicia de la Nación, se han falseado historias y adulterado documentos públicos facilitando una multimillonaria estafa con los «desaparecidos».

Leer Más >>
Último artículo publicado.

Cualquier cacatúa.

Sin duda, el tango no sólo ha contado el espíritu argentino de su tiempo sino también predicho un futuro que vamos viviendo. Más de lo supuesto en una primera mirada.­

Leer Más >>

Artículos relacionados.

Suscribite.

Envianos tu E-mail para recibir periódicamente los artículos publicados.