Eran 21 ministros (y la leona no es herbívora).

En la canción infantil inglesa, los indiecitos que iban desapareciendo eran diez. Igual número era el de los personajes que, en la novela de Agatha Christie, encontraban trágico fin. 

La gula administrativa, que ha llevado nuestro número de ministros a 21, no nos permite hablar de 10 para redondear números y el título de estas líneas.
No recordamos cuántos quedan de los originales 21. El lector podrá suplir nuestro olvido. Pero son muy pocos y la salida de Martín Guzmán puede precipitar la de los que quedan.

Aquí, a diferencia de lo que sucedía en la citada novela, no hay el menor enigma. A los miembros del gabinete los derriba, metódica e implacablemente, Cristina Kirchner. Quien, en los últimos días, se jactó de «no revolearlos». Con lo que quiso decir que puede hacerlo. Pero que no lo hará, al menos por ahora. La duración de su tregua es harto incierta. 

Es que, en realidad, nunca han coexistido el cristinismo y el albertismo como algunos quisieron creer. El poder completo y absoluto de la coalición gobernante lo ejerce Cristina. El albertismo, si alguna vez existió, tuvo la única pretensión de que al Presidente no se lo destituyera. Toleraba, en cambio, que se lo denigrara y agrediera, aunque se lo hiciera bien públicamente. Los albertistas, como guardia, nunca fueron de hierro.

Lo que está sucediendo con Fernández y su gabinete, nos trae a la memoria lo que le dijo Perón a Tomás Eloy Martínez, en un reportaje que éste le hiciera, con relación a la caída de Frondizi. El entonces exiliado en Madrid, aludiendo a los muchos cuartelazos que Frondizi sufriera, dijo de él que «.fue tirando sus amigos al león. Y cuando ya no le quedaba ninguno, el león se lo comió a él».

En efecto, en cada uno de esos planteos militares, Frondizi perdía alguno de sus ministros de confianza. Hasta que lo derribaron a él. 
Pues bien, volvamos a Fernández. ¿Cuándo no le quede ningún ministro, conservará o no la Presidencia? Es el último de una fila que se acorta día a día. Y si Perón, en los 70, se definía como un militar pacifista, comparándose con un «león herbívoro», Cristina ha probado ser inequívocamente carnívora.

Así, a menos de una semana de asumir Batakis en Economía, la marea K crece a su alrededor. La jefa la marcó a su tropa, al no concurrir al acto de su asunción. ¿Cuánto podrá durar? O, avanzando un paso más, ¿estará dispuesta Cristina a engullirse también a Fernández?

Difícil es saberlo. Por una parte, ella no ignora que asumir la Presidencia es aferrarse a un salvavidas de plomo. Pero la desesperación – no muy buena consejera – puede llevarla a hacerlo. Es que el avance de sus causas la pone al borde de un precipicio. Que tal vez intente evitar desde el Poder Ejecutivo. Final abierto que tiene al país en vilo. Y sin gobierno visible.

Por Daniel Zolezzi.

Fuente: Diario La Prensa

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