Guerra Santa en Nicaragua (Ortega contra los católicos).

La escena parece un cuento del realismo mágico: más de 2.000 policías antimotines nicaragüenses, con botas de cuero, cascos completos, armados hasta los dientes rodean, en posiciones desplegadas, hasta 300 metros a la redonda,la Curia Episcopal de Matagalpa, una importante ciudad de casi 200.000 habitantes, situada a unos 128 kilómetros al nordeste de Managua. En el edificio permanece sitiado el arzobispo de Matagalpa y vicario en Estelí, monseñor Rolando Alvarez, acompañado por cinco sacerdotes y cinco laicos más.

El arzobispo, aparentemente, se ha convertido en el enemigo público número uno para el régimen del tirano Daniel Ortega, dueño de la Suma del Poder Público en la tierra de Rubén Darío y otros grandes. La independencia de juicio del arzobispo, la libertad de sus homilías, han chocado contra la férrea censura de un régimen cada día más parecido al del general Anastasio Somoza Debayle, derrocado en 1979 por el Frente Sandinista de Liberación, en una de cuyas tres columnas luchaba justamente Daniel Ortega. 

No era el dueño de la Revolución en ese momento, pero ahora es el dueño de Nicaragua, casi exactamente en las mismas condiciones de poder absoluto ostentadas por la dinastía de los Somoza en cualquiera de sus tres versiones: padre, hijo, o nieto.

TRIUNFO Y DERROTA

En 1985, Daniel Ortega triunfa en las primeras elecciones democráticas realizadas en Nicaragua después de la caída de Somoza.  Intenta un gobierno de corte marxista leninista en momentos de grandes dificultades económicas, políticas y militares, pues las fuerzas de los contras, como se llamaba a los restos de los militares somocistas de derecha, sostenidas con dinero por los Estados Unidos, aunque vencidas, todavía estaban en estado beligerante. Los errores políticos de Ortega y su proyecto sandinista (el de él) hicieron agua por muchos costados y, finalmente, en 1990, ganó las elecciones, en forma impecable (53% a 41%), Violeta Chamorro, viuda del director propietario del diario La Prensa, Pedro Chamorro, tenaz opositor de Somoza en todo momento, y asesinado por éste en 1978.

Violeta no volvió nunca más a presentarse para elecciones pero, después de ella, asumieron el poder, en Nicaragua, otros gobiernos democráticos hasta 2005 pues, en 2006 volvió a ganar las elecciones Daniel Ortega, con un gran aporte económico del chavismo venezolano, a razón de 400 millones de dólares en préstamos blandos, durante casi diez años, hasta totalizar casi 4.000 millones de dólares, de recupero prácticamente imposible para Venezuela. De todas maneras, es muy probable que los haya entregado a fondo perdido. No obstante, de esta manera, Ortega se consolidó en el poder mediante el otorgamiento de generosos beneficios a sus amigos capitalistas, llamados popularmente zancudos en Nicaragua, por su conexión con las finanzas públicas del país donde obtienen ayuda oficial.

EL MODELO CUBANO

El modelo marxista-leninista cubano (llamémoslo así), implica una férrea dictadura cívico-militar donde no es tolerada ninguna disidencia, ninguna opinión contraria. Los cubanos que  el 11 de julio de 2021 reclamaron libertad y democracia en la patria de José Martí han sido apresados. Ahora deben sufrir  penas de hasta once años de cárcel por el delito, por ejemplo, de haber caminado por esas calles portando una bandera cubana atada al cuello, mientras gritaban insultos contra las autoridades. Once años de prisión, ni uno menos.

Otro legado de la revolución marxista cubana a sus fieles imitadores es la ausencia completa de elecciones generales, libres y transparentes. Algo jamás realizado en la isla durante los 63 años de su feroz represión y absoluta tiranía para con sus ciudadanos.

Hay algunas excepciones. Por ejemplo, se puede alcanzar el poder en algún país mediante elecciones libres y transparentes, como ganó Chavez en Venezuela, u Ortega en Nicaragua. Pero está muy mal visto, para ese modus operandi, entregar el poder de la misma manera. Para impedirlo hay una gran institución, mimada por los gobiernos autoritarios, totalitarios, o autócratas, de todos los rincones de la tierra y de las más diferentes ideologías: Su Majestad el Fraude.

Hace diez años que el gobierno de Daniel Ortega se ha ido volcando hacia un autoritarismo cada vez más generalizado. Para muchísimos sandinistas convencidos, que arriesgaron sus vidas y sus bienes para combatir y derrocar a Somoza, la visión de Daniel Ortega, y de su mujer Rosario Murillo, como presidente y vicepresidente de Nicaragua, ungidos en elecciones fraudulentas, y usando la Suma del Poder Pública para silenciar toda oposición, conculcar los derechos amparados por la Constitución y establecer una tiranía idéntica, en mil aspectos, a la siniestra de los Somoza es, sin lugar a dudas, una mueca macabra del Destino.

Todo lo combatido ayer… está vigente de nuevo, incluida la tremenda persecución a la Iglesia Católica. Ya no acusan a los clérigos de profesar la Teología de la Liberación, precisamente, sino de «agentes del terrorismo institucional, enemigos del orden público, opositores políticos, o sediciosos de todo tipo y color».

El tema de fondo es el mismo: no se acepta ninguna crítica contra el Gobierno, ninguna voz disidente.

BAÑO DE SANGRE

Ya a principios de 2018 la situación política estaba muy caldeada en Nicaragua y las críticas contra el autoritarismo desbocado de Daniel Ortega y Rosario Murillo provenían de sectores políticos y sociales cada vez más amplios.

Figuras consulares del proceso revolucionario culminado el 19 de julio de 1979, con la entrada en Managua, de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (Daniel Ortega, el escritor y luego vicepresidente Sergio Ramírez, Moisés Hassan, la periodista Violeta Chamorro, y el empresario Alfonso Robelo Callejas) y las tropas sandinistas provenientes de varios frentes, sufrieron una decepción dolorosa e incomprensible al ver conculcados todos sus ideales por los supuestos herederos de esa revolución.

Uno de los lugares donde se concentró, por esa época, el sentimiento de rebeldía fue en la histórica e ilustre ciudad de Masaya, epicentro de cien revueltas contra dictaduras de todo tipo, tanto nacionales como extranjeras. Muy cercana a la cuna del patriota Augusto César Sandino, para mayores datos.

El levantamiento de Masaya en 2018 fue histórico y terminó con una agresión policial donde los ciudadanos, armados únicamente con hondas de goma y morteros de fabricación casera, fueron expulsados a tiros de sus modestas trancas (guarimbas, para los venezolanos) y obligados a huir a campo traviesa o, mejor aún, por agua, ayudados por la cercanía de una laguna que permitió salvar muchas vidas.

En todo este proceso de resistencia civil, la Iglesia Católica tuvo un gran papel a favor de los fieles, cuyos derechos civiles, cívicos y políticos, fueron lesionados una y otra vez por parte de un gobierno autoritario.

En un momento, todos los obispos de Nicaragua, subidos a un ómnibus, concurrieron rezando a Masaya, para pedir que cesaran las muertes en esa ciudad. Viaje encabezado oficialmente por el cardenal Leopoldo Brener, pero con el impresionante liderazgo de monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua, a quien posteriormente Daniel Ortega definió como «bravucón y golpista».

Era tan fogosa la prédica de monseñor Báez que finalmente se conocieron planes para atentar contra su vida.

SILENCIO ATRONADOR

A fines de 2018, cuando la represión de Ortega ya se había cobrado en distintas protestas la vida de 314 disidentes, muchos de ellos muertos directamente mediante un tiro de arma larga en la cabeza, por fin el Vaticano decidió intervenir. ¿Que hizo el Papa Francisco? Para salvar la vida de monseñor Silvio Báez, lo retiró de sus funciones de Obispo Auxiliar de Managua.  En una palabra, se lo sacó de encima a Daniel Ortega.

Ahora, el conflicto está centrado en la Arquidiócesis de Matagalpa. Sus habitantes, como los de Masaya, también son gente de carácter y apoyan a un obispo, convertido en la voz de los que no tienen voz.

Las armas del obispo son, además de su sotana, el Sagrario del Espíritu Santo y los rosarios utilizados para orar. Están esperando que el hambre, o la sed, o el cansancio, lo hagan salir de la Curia Episcopal de Matagalpa para poderlo prender y negociar con el Vaticano su expulsión de Nicaragua, como ya se hizo con el ex obispo auxiliar de Managua.

Una tímida declaración de un vocero del Vaticano habló de la importancia del diálogo para superar los problemas.

Mientras tanto, Ortega y Murillo se han dado el lujo de expulsar a 17 Misioneras de la Caridad (la orden fundada por Santa Teresa de Calcuta) sin ningún tipo de cargo ni acusación, salvo la circunstancia de ser católicas. Han cerrado más de un centenar de medios de comunicación católicos, desde boletines, hasta radios y señales de televisión.

Es más, en diciembre de 2021, al cesar Nicaragua sus relaciones con Taiwan, expulsó al cuerpo diplomático taiwanés acreditado en Managua. Los chinos, para no andar en dibujos con respecto a la propiedad de su embajada en la capital nicaragüense, le donaron dicho edificio a la Iglesia Católica. Daniel Ortega puso el grito en el cielo, anuló la donación china y decidió expropiar ese bien.

Desde la época de la Unión Soviética que no se perseguía con tanta saña a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Mientras tanto, el silencio atronador del Papa Francisco frente a este nuevo y profundo insulto al mundo católico, nos agravia a todos.

Allí están, en Matagalpa, los bien armados esbirros de Ortega, esperando que el Papa ordene partir al Obispo hacia territorios donde no moleste.

Por Rodolfo Oscar Enrique Gallo del Castillo.

Fuente: Diario La Prensa

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