Mentiras: siempre más.

Muy desagradable resulta citarse. Pero más aún es que nada se modifique y sea necesario reiterar conceptos. Porque quien escribe, si es honesto, lo hace intentando alertar y ahuyenta así lo que denuncia. Inútil: nuestro gobierno y nuestros políticos no nos dan espacio.

Debo entonces repetir: la personalidad psicopática perversa y la personalidad hipócrita que ocupan los primeros cargos del Poder Ejecutivo argentino siguen en sus trece. Ahora se suma un ministro fabulador cuya función es dejar correr el tiempo a favor de los grandes organismos de la especulación internacional, endeudándonos como siempre, mientras él se prepara para quién sabe qué sueños electorales.

Efectivamente, como cuando empezó a derrapar el Proceso militar, que señalamos crítica y abiertamente bajo firma entonces, la economía argentina -lejos de enderezarse- se vuelve a zambullir en la espiral descendente de la deuda. Y, como entonces, bajo la piadosa consideración de buena parte de los medios de comunicación. El multi utilizable ministro de Economía vuelve de un sinuoso viaje de inclinaciones y compromisos destinados a ser cumplidos por otros.  Qué hacer para que un país potencialmente sano desde el punto de vista de su riqueza regenere su destino, no le interesa a él ni a los mandantes a los que tampoco asegura responder.

Pero más grave es el daño que se hace permanentemente a la Justicia, esa institución terminalmente enferma de procesalitis entre nosotros, para cuyos actores vale más el vericueto papelero que la búsqueda de la verdad. Sobre ella, la Vicepresidente -que ya podría pedir se le otorgara el título de profesora por voto popular después de la clase universal de Derecho que acaba de dar, en lugar de refutar las pruebas que la acusan de corrupción- ha mostrado lo que pretende hacer si llega nuevamente a conquistar todo el poder. Porque, para dar un ejemplo claramente comprensible, ha actuado como lo haría un cirujano acusado de haber olvidado una pinza metálica en alguna cavidad de su enfermo que pretendiese -en vez de aportar radio y tomografías postoperatorias que no la mostraran- sacarse la responsabilidad de encima dando una clase pública sobre la histología, la anatomía, la fisiología y la historia quirúrgica de la región abordada. Nada que ver con la realidad discutida. Sumado a que pretende tergiversar la concreta y personalísima acusación de “asociación ilícita” que se le ha hecho, en otra inexistente que englobara a todo su gobierno. En fin, otra vez, la adornada mentira como defensa.

Sin embargo, sería injusto acusar exclusivamente al oficialismo de estas maniobras. Para seiñalar una que, según se informa, nació en el costado culturalmente más ambiguo de su hermana oposición, vale advertir sobre un proyecto llamado “Ley de seguridad sanitaria/seguridad del paciente (Ley Nicolás)” que pretende regular a la profesión médica desde la relación médico/enfermo, hasta la educación médica y todos los adláters que se puedan imaginar que van a caber en una proclamación que, a fuerza de discuciones teóricas, es emblema de ambigüedad. Con seguridad va a haber lugar para tratarlo más extensamente, pero téngase como advertencia que inicia su justificación ajustándose a una definición de la Organización Mundial de la Salud de 2019 (WHA 72,6 se cita) que “conmina concebir al ‘paciente’ desde la dignidad humana y no como organismo que necesita reparación”. Como si ese ejemplo máximo de burocracia internacional y manipulación sanitaria que es la OMS tuviera derecho a descalificar universalmente a la profesión médica y a la noble historia que la ha forjado. La misma burocracia que prohibió hacer autopsias para buscar verdad científica ante el covid, mientras miles de profesionales se enfermaban y morían cumpliendo con su deber, osa darse semejante lujo.

Así nos gobierna y quiere eternizarse este régimen amañado que convoca al candombe electoral cada dos años, con lo que la fiesta es permanente mientras los elegidos -como la Vicepresidente- no se ponen colorados ni mueven su cada vez más caído re-retocado gesto al decir que, por ser de ese origen “democrático”, son inmunes a la Justicia.

Urge, como mínimo, volver a nuestra Constitución original. A las elecciones cada seis años y a la prohibición de la reelección inmediata. Y, a partir de ahí, diseñar un sistema electoral genuino, donde los ciudadanos puedan votar como representantes a quienes conozcan y cobre vida una república verdadera.

Este otro sistema amañado que nos somete siempre a más y más mentiras conduce inexorablemente al mal. Ya se sabe quién es el dueño del mal en el mundo.

Por Hugo Esteva.

Fuente: Diario La Prensa

Compartir el artículo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Bibliografía recomendada.
Grupo República

La estafa con los desaparecidos.

Con prólogo de Juan Bautista «Tata» Yofre, este nuevo libro de José D’Angelo describe documentadamente, con 10 escandalosos ejemplos tomados entre miles, cómo – desde la Secretaría DDHH y el Ministerio de Justicia de la Nación, se han falseado historias y adulterado documentos públicos facilitando una multimillonaria estafa con los «desaparecidos».

Leer Más >>
Último artículo publicado.

Artículos relacionados.

Suscribite.

Envianos tu E-mail para recibir periódicamente los artículos publicados.