Mienten, mienten… Nadie les cree.

No se piense que las líneas que siguen implican apoyo al gobierno anterior, al cual se puede aplicar la anécdota de Cané en el prólogo de “Juvenilia”: como “Binomio”, el compañero de colegio capaz de explicar a todos el teorema que dio lugar a su sobrenombre, que sin embargo terminó siendo un empleado mediocre porque -fueron sus palabras- nunca supo historia. Lo malo del gobierno pasado, playo como la más playa de las lagunas, ignorante de toda hondura política,  es que escuchó poco y terminó sin siquiera encontrar el diagnóstico de su fracaso.

Pero sería injusto decir que el gobierno que sufrimos ahora no es peor, y que miente sistemática y demasiado reiteradamente cuando trata de echar la culpa de sus tempranos fracasos a quienes lo precedieron.

La primera mentira consiste en ocultar que el abismo al que se precipitó la economía nacional comenzó inmediatamente después de que la fórmula encumbrada hoy ganara las PASO. De domingo a lunes, bastó despertarse para ver que el dólar había zarpado de nuestra tierra en un cohete interestelar que no se detiene. Y eso no es sólo causa de la calculadora frialdad de los mercados, sino encendido producto de una desconfianza de la sociedad toda que no merma. Esconden eso, echándole la culpa a Macri; pero también esconden las concretas cifras de desastre adonde nos habían llevado los gobiernos kirchneristas y sus predecesores.

Desde entonces, el tono entre pesado y engañero de quien debería ser primer mandatario y el gesto ceñudo de su mandataria verdadera, han compuesto una combinación que tiene “perdida la fe” no sólo de quienes habitamos el suelo argentino,  sino tambien de los que nos miran de lejos. Para peor, declaman negar a la mañana lo que van a perpetrar a la noche.

La epidemia del gobiernos kirchneristas que empezaron manipulando como una “oportunidad”,  ha terminado desnudándolos en estos largos meses de falta de imaginación y seriedad. Sin detenernos en el ridículo de un ministro de Salud y unos “expertos” que ya han hecho mutis por el foro, los números -que, encima, han sido mal medidos en el mejor de los casos- demuestran que una cuarentena sin cabeza no sólo no sirve, sino que daña. No hay que irse a Suecia, basta mirar al Uruguay para aprender cómo se pueden hacer las cosas, del modo similar al que sin pretensión sabihonda venimos indicando hace rato, cuando todavía se estaba a tiempo pero la soberbia de porteño canchero -que no quiere ni a su ciudad-  del Presidente lo llevó a cantar victoria antes de gloria.

Desde entonces: a atentar contra la propiedad en nombre de nuevos propietarios cuyo voto manipulan, a atentar contra la Justicia en nobre de una nueva justicia que los indulte, a apretar a ricos en nombre de los nuevos ricos, a violar la república en nombre de la democracia matancera.

Pero como la realidad tiene eso de implacable que le permite siempre devolvernos a nuestra pequeña medida, hasta sus protectoras sesiones parlamentarias virtuales se empeñan en desnudarles su falta de virtudes. Y así sale a la luz el curriculum del típico representante que le han hecho votar al pueblo del que se sirven: un barrabrava del AMBA que surge como diputado salteño. Papelón, si quedaba uno por hacer.

“Que se vayan todos” vuelve a ser el lema más difundido. Proclama la necesidad de una república genuina que empieza a confluir, pero necesitará de reformas profundas para afirmarse y servir a la Patria.

Entretanto, con una inédita velocidad de deterioro que supera la singular de de la Rúa, el Presidente de las contradicciones se ha transformado de sobrador en hazmerreir. Es el destino posible de la hipocresía, particularmente cuando tiene que seguir perversos mandamientos psicopáticos. Resultado: mienten, mienten…, y ya nadie les cree.

Así no se puede construir.

Hugo Esteva.

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