Sobre cretinos obedientes.

Extraña peripecia la de la palabra “cretino”. El cretino es un idiota, un imbécil, un estúpido. Pero  el habla popular lo ha cruzado con otra acepción: el cretino es un cínico, una clase especial de cínico. Para decirlo en términos más precisos, un desvergonzado, un turro que se parapeta bajo una emulsión de imbecilidad: “¡me hizo flor de cretinada!”. La etimología confunde. Deriva del francés que se habla en el cantón valesano de la Suiza francófona. “Crétin” equivalía allí a “cristiano”. ¿Cómo se pudo llegar al significado actual”. Tenía en su origen una carga afectuosa. Se aplicaba a los niños que presentaban un atraso en su desarrollo físico, intelectual y afectivo, que luego se descubrió era debido a una deficiencia congénita de la tiroides.  En el cantón valesano, por dietas con falta de yodo, la enfermedad alcanzó proporción endémica. Esos chicos eran “crétins”, “Chrétiens”, en el sentido en que “cristiano” se usaba hasta hace no tantos años, alguien como nosotros que debe ser  comprendido  aun en sus defectos -“es sonso el cristiano macho/cuando el amor lo domina”-, hacer camino con él y socorrerlo si cabe.  “Cretino” = cristiano = inocente que debe ser protegido. Luego, la enfermedad descripta fue catalogada como “cretinismo”.  Y más tarde la palabra dio una vuelta de campana y llegó a su significado actual. Volvamos a los cretinos tal como los conocemos y sufrimos hoy.  Vale la pena retroceder algunos años y situarnos en Italia, donde “cretino” resuena a menudo en el habla popular.

En 1931, Benito Mussolini nombró secretario general del Partido Nacional Fascista a Achille Starace. Este hombre, pluricondecorado en la Primera Guerra Mundial y reconocido gimnasta, no estaba -sin embargo- a la altura de su cometido. Giuseppe Bottai, ministro de Educación, culto y refinado, se apersona entonces a Mussolini y le espeta: «Duce, ¿cómo puede nombrar a Starace? ¡Es un cretino!». Mussolini le contestó: «Sí, es un cretino. Pero obedece»[1].

Además de mostrar la lógica de onda corta del poderoso, la anécdota revela a los argentinos de hoy que cuando se buscan obedientes, sobran cretinos postulantes. Una muestra la tuvimos en el chalaneo  a que dio lugar en ambas cámara del Congreso el dictado de la ley que legalizó el aborto. En especial, la trata de los votos de los llamados indecisos, que cotizaron alto la voltafaccia de su voto negativo en el 2018, entre pucheritos, llantos y denuncias de amenazas. Cinismo de cretinos, cretinos “fosforecentes”, cretinos indelebles, crema de cretinos de la democracia criolla. Cretinos obedientes al mandato global del espíritu del tiempo. Cretinos incurables y perdurables.-


[1] En justicia, y por lo que sigue, debe añadirse que  Achille Starace en abril de 1945  fue «juzgado» por los partisanos, que lo arrastraron al Piazzale Loreto, ejecutándolo después de torturas y sevicias, ante los cadáveres colgados de Benito Mussolini y Claretta Petacci. Murió haciendo el saludo romano, con gran entereza. Si quizás había vivido como un cretino, murió como todo un hombre y merece el respeto postrero a la lealtad y al coraje.-

Luis María Bandieri.

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