Todos para una. Y ella, para ella. ¿alguien esperaba otra cosa?

I.- Inglaterra edificó su sistema constitucional a partir de la Carta Magna 1215. Entre nosotros las Cartas Mensuales de la vice -no magnas, al menos aún- están barriendo con el nuestro. En la última, arremetió contra la Corte y contra cada uno de sus miembros. Ello, sin privarse de poco veladas críticas al Ejecutivo.

II.- De inmediato, Alberto adhirió a la nueva Encíclica K, negando, al mismo tiempo, ser un «títere» de Cristina. Si un presidente debe desmentir que es un títere de su vice, algo anda muy mal. A nosotros, lo dicho por Fernández nos confirma quien es la Gran Titiritera de este gobierno. La que mueve todos los hilos del poder. Que se enoja, cuando intuye que alguna cosa no la maneja a su entera voluntad. Es en esas ocasiones cuando empuña el látigo. Y vienen sus Cartas.

III.- Hace poco, dijimos en estas columnas que el único plan claro de este gobierno es el cierre de todas las causas que amenazan a la vice y a su entorno. Advertíamos, en esa oportunidad, que la Corte no iba a poder dormir tranquila. Que su fallo en el caso de los jueces Bruglia y Bertuzzi, sólo le daría un respiro. Pero que no la iba a poner a salvo de nuevas embestidas. Ya estamos ante ellas.

IV.- Desde su anterior estadía en el poder, los K anuncian que «van por todo». Todo es total, vocablo del que, a su vez, proviene la voz «totalitario». A la que la Real Academia define así: «Dícese de lo que incluye la totalidad de las partes o atributos de una cosa, sin merma ninguna». El todo del poder. Sin mermas. Es decir, la suma del poder público. Que la Constitución prohíbe, pero que se está creciendo ante nuestros ojos.

V.- Cristina se victimiza. Ella no cometió ningún delito. Su gente tampoco. No es tonta, no cree lo que dice. Pero hierve de resentimiento cuando son los demás quienes no le creen. Su temperamento no es rebelde; es resentido. Y se hace oportuno recordar la diferencia que, según Camus, existe entre el rebelde y el resentido.

VI.- El rebelde busca justicia. Por eso, «…la rebelión se hace tanto contra la mentira como contra la opresión. El rebelde no preserva nada, puesto que pone todo en juego». Y su rebeldía «…puede nacer ante el espectáculo de la opresión de la que otro es víctima». El resentido, en cambio no se opone a la opresión. Lo que le encanta, es ser él el opresor. A Cristina le sienta ese papel. Y, a diferencia del rebelde, quiere preservar todo. Inclusive, todo lo que se llevó.

VII.- Señala Camus que el resentimiento ocupa «…gran lugar en la psicología de las mujeres, destinadas al deseo y a la posesión». No sé si es así en las mujeres en general. Pero si lo es en el caso de Cristina, cuya tendencia a la posesión le resulta irresistible. Sea la posesión de bienes materiales o de poder. Porque este último le es necesario, para poner a salvo a los primeros de cualquier contingencia judicial.

VIII.- Dice el formidable ensayista francés que «…el resentimiento se deleita de antemano con un dolor que querría que sintiese el objeto de su rencor». Nada más parecido al látigo que Cristina blande sobre su tropa, ante el menor atisbo de independencia. La cobardía de esa tropa, que acata cualquier cosa, completa el desorden institucional.

IX.- Hasta hace poco, el fantasma de un totalitarismo chavista, parecía una exageración. Hoy, ese proyecto golpea a nuestras puertas. Totalitarismo, goce del poder total. Nada mejor para un resentido. Porque, como dice Camus: «La envidia colorea fuertemente al resentimiento».

X.- ¿Aboliría ese régimen totalitario la propiedad privada, como algunos temen? No lo creo, aunque su prepotencia no fuera menor que la del comunismo. El chavismo se adscribe a otra línea. La del capitalismo de amigos. La de repudiar a cierto empresariado fomentando otro, casi exclusivamente prebendario. También aquí el capitalismo es malo. Pero el de Cristina, Cristóbal y Lázaro es buenísimo e intocable. En esa línea vamos. No queda mucho tiempo para evitarlo.

Por Daniel Zolezzi.

Fuente: Diario La Prensa

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