Un homenaje visible a nuestros héroes­.

En la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, sobre la Avenida Luis María Campos, surge un nuevo monumento «malvinero» que nos inflama el pecho.­

No hay ciudad, ni pueblo, ni lugar significativo en la Argentina, que no tenga su homenaje visible a nuestros héroes de Malvinas. Es un acto de justicia, pero también una prenda de unión entre los argentinos. Y habla bien de nosotros el que tengamos memoria agradecida a todos aquellos que ofrecieron lo mejor que tenían por nosotros y nuestra tierra.­

En la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, sobre la Avenida Luis María Campos de nuestra ciudad capital, rodeado de majestuosos árboles y larga historia, surge ahora un nuevo monumento «malvinero» que nos inflama el pecho: tres bloques de pórfido patagónico y granito negro con sus inscripciones y figuras. Uno más entre muchos miles, pero uno especialmente significativo.­

Miremos, por ejemplo, la materia de que está hecho este monumento: el pórfido patagónico es el mineral elegido por su característica que, prácticamente, lo hace eterno aun en condiciones de uso rigurosas, como es riguroso nuestro sur profundo, nuestras islas, y nuestro eterno reclamo de soberanía.­

Y son tres bloques sólidos, firmes y unidos porque representan nuestras tres Fuerzas Armadas, unidas en un solo objetivo de Servicio a la Patria

Quienes pasen por el lugar podrán ver el memorial de una Argentina que no sabe rendirse.

El conjunto todo está inspirado en el Cementerio de Darwin, también él erigido con los mismos materiales. Y de este modo simbólico se busca mantener siempre presente en nuestra memoria a quienes descansan en Malvinas como avanzada y centinelas eternos del solar patrio.­

CENTRO EDUCATIVO­

Pero hay más para ver en este simple rincón. Es éste un acto de homenaje y se erige en el predio del Centro educativo de las FF.AA., por la Escuela Superior de Guerra Conjunta, porque esta sede educativa es consecuencia de una lección aprendida en nuestra Gesta de Malvinas, que nos impone desarrollar más y mejor la acción militar conjunta. En estas aulas pensamos la Patria, éste es el lugar donde se erige la escuela de soberanía, de defensa nacional.­

Y para ello la Guerra del Atlántico Sur, sus héroes y sus muertos, sus luces y sus sombras, son motivo de estudio y enseñanza permanente para nuestros hombres y mujeres. Hay muchos motivos para guerrear y combatir. Y para dar la vida.­

Pero los dos motivos más altos son la Fe y la Patria.­

Son la máxima generosidad, porque la vida es lo más valioso y el instinto de sobrevivir el más fuerte. Cuando se da la vida por la Patria y por la Fe, el que la da ama a otros, a otros por los que se arriesga a ser herido, y hasta dejar si cuadra la propia vida. Y ese amor grande es más fuerte que su instinto mayor.­

Esos hombres merecen el amor de aquellos por quienes han muerto, por quienes han sido heridos, tal vez mutilados. Podemos homenajearlos, reconocerlos, imitarlos, celebrarlos. Y está muy bien. Han hecho el mérito mayor y por eso mismo merecen nuestro reconocimiento.­

Pero debemos amarlos, antes que nada y al final. Porque amor con amor se paga. No estamos aquí para cumplir un ritual vacío.­

Como allá en las islas, queremos dejar nuestros corazones a los pies de sus nombres y de sus historias, a los pies de la Madre de la Argentina en su imagen lujanera, aquella que protegió a sus soldados y que los sigue abrazando como una Madre amorosa.­

Los corazones por los que ellos murieron. Podemos llorar de emoción por ellos. Y nuestro llanto será viril y tierno a la vez.­

Los colores de Nuestra Señora, los mismos colores de la bandera por la que han combatido, los cobija. Y esa bandera y ese manto enjugarán nuestras lágrimas.­

Y en ese amor de Madre, en ese abrazo amoroso de Madre, está también el abrazo de la Patria, con los brazos de su manto y los brazos de los pliegos de nuestra bandera, que son -que tienen que ser- nuestros propios brazos.­

LA VOZ DE LOS POETAS­

No siempre tenemos palabras para cantar ese amor de Patria y celebrarlo en la entrega de los caídos gloriosamente a su servicio.­

Entonces, a veces, conviene ir a los poetas, porque como dice Leopoldo Marechal:
«Hablando por todos y con todos los que no hablan, el poeta se hace al fin la voz de su pueblo: los pueblos se reconocen y hablan en la voz de sus poetas»

Pero es el mismo Leopoldo Marechal quien nos advierte, allá por 1938 al recibir un premio por su poesía: «¡…quien sabe si el caos en que vivimos no es obra de poetas que han hecho de la verdad un peligroso juego lírico!»

Por eso queremos dejar hablar ahora a los poetas que saben decir la Patria de verdad y darles esa ofrenda poética a nuestros héroes, porque ellos hablan también por las palabras de nuestros poetas:­

Patria es la tierra donde se ha sufrido,­

Patria es la tierra donde se ha soñado,­

Patria es la tierra donde se ha luchado,­

Patria es la tierra donde se ha nacido.­

Patria es la selva, es el oscuro nido,­

La cruz del cementerio abandonado,­

La voz de los clarines que ha rasgado­

Con su flecha de bronce nuestro oído.­

Patria es la errante barca del marino­

Que en el enorme piélago sonoro­

Deja una blanca estela en su camino.­

Y patria es el airón de la bandera,­

Que ciñe con relámpagos de oro­

El sol, como una virgen cabellera.­

Esto dijo el diplomático y escritor argentino Leopoldo Díaz

­DEFENSA DE LA PATRIA­

Este nuevo monumento, al frente del Centro Educativo de las FF.AA., nos recuerda también que debemos aprender a pensar la defensa de la Patria y nuestro futuro, de acuerdo a los más altos estándares del arte y la ciencia militar: estándares que nosotros con orgullo podemos llamar «sanmartinianos», los más altos que ha dado la historia.­

­»ANIMO QUE PARA LOS HOMBRES DE CORAJE SE HAN HECHO LAS EMPRESAS»­

Los militares debemos recordar que nuestro uniforme está marcado a fuego con la sangre gloriosa de los gauchos de Güemes, de los granaderos del Ejército de los Andes, con la de los Patricios de Saavedra y Belgrano, con la de los muertos silenciosos en el cumplimiento del deber en todas las épocas, con la que cayó en la turba malvinera, la sangre de los grandiosos «halcones» caídos desde el cielo, o aquella que yace bajo las olas de nuestro mar austral. Nuestro uniforme es entusiasmo y alegría de camaradas, fruto infaltable del amor a la Patria que nos une.­

Este nuevo monumento nos recuerda que debemos aprender a pensar la defensa de la Patria y nuestro futuro.­

Y este uniforme y esa sangre nos reclaman que ante todo hagamos las cosas bien, con honestidad, disciplina, firmeza y sacrificio, y a pesar de todo, con el corazón encendido por sabernos herederos de grandezas.­

Decía un autor antiguo que «los tiempos inciertos son para nosotros los más seguros, porque al menos sabemos que tenemos que seguir el combate»

El peligro sería bajar los brazos: y eso no podemos hacerlo.­

Para recordarlo siempre, están estos monumentos. Y allí permanecen ellos, floreciendo en nosotros y en las generaciones de la Patria que -lo sepan o no- han nacido y se han nutrido de su amor, de la entrega de su vida. Quiera Dios que seamos dignos de su vida y de su muerte.­

En pórfido negro y granito patagónico, quienes pasen por Luis María Campos, podrán ver, a partir de hoy, el memorial de una Argentina que no sabe rendirse.­

¡Ojalá que, ante éste, y ante cualquiera de los miles que pueblan nuestras tierras, nos detengamos un instante en homenaje silencioso y compromiso sanmartiniano!­

Están ahí para marcarnos un rumbo.­

Por Gabriel Camilli. Cnl My. Decano FMC y Director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las FF.AA.­

Fuente: Diario La Prensa

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