Vergüenza ajena e ignorancia.

A esta altura es grande el riesgo de caer en la vulgaridad poniendo de manifiesto la vergüenza ajena que provoca oír a nuestras máximas autoridades en el común gran de sus expresiones. Desde las del balbuceante canciller hasta las contradicciones presidenciales,  que opacan a un largo conjunto de ordinarios personajes encumbrados, son motivo de creciente sonrojo. Pero la vicepresidente es un caso aparte: nadie puede ya seriamente dudar de las facetas patológicas de su personalidad y entonces lo más enfermo de nuestra sociedad es mantenerla como un símbolo político. La reciente muestra que le cupo, sometiéndonos al papelón de hacer internacionalmente pública y con toda desubicación su necesidad permanente de conflicto, parece haber llegado a lo más alto; aunque puede haber más…

No obstante, dado el nivel de mentira en que se mueve su ungido Presidente, ella parecía hasta aquí cultora de la verdad -verdad enfermiza pero verdad-; aún eso se ha perdido. Frente al mundo ha pretendido aparecer como ejemplar defensora de nuestra soberanía austral y es mentira. Tiempo atrás ella misma refirió que el 14 de junio de 1982 fue a la Plaza de Mayo a pedir la destitución del gobierno que había sostenido la guerra de Malvinas. Mientras otros, espontáneamente convocados y a continuación gaseados por la policía, nos manifestábamos contra la rendición, esta “santacruceña” -venida entonces a la Capital vaya a saber por qué- se sumaba en plena lucha soberana a un organizado grupo de zurdos afín a la meta inglesa de demoler a las autoridades nacionales. Ella, la que junto a su marido en el extremo Sur había sido condescendiente con el gobierno militar y aprovechado de la 1.050 para anotarse en una millonaria estafa inmobiliaria a costillas de empleados empobrecidos; ella que, allí mismo, iba luego a participar en la ponderación de Kirchner al neoliberal Carlos Menem.

Esta vicepresidente y la turba de sus moscardones, que sabe hasta qué punto a una psicópata no se la debe contradecir, acompañados es cierto por “opositores” que conscientemente o no les hacen el juego, han establecido para nuestra desastrosa economía -repleta de sabios economistas versificadores- un falso contrapunto absolutista entre lo público y lo privado. Enfrentamiento que promete intensificarse más y más contra todo productor, alentado por el resentimiento y la ambición.

Porque si no es concebible un desarrollo normal del país sin el estímulo que conlleva el crecimiento de la libre empresa, tampoco lo es sin el aporte del Estado para llevar a cabo lo que no es individualmente rentable. Imaginemos, para dar un ejemplo, qué ente privado hubiese podido  organizar un correo capaz de llevar noticias y establecer estafetas en los rincones más apartados de este enorme país. O imaginemos esta Patria sin el aporte civilizador de las Fuerzas Armadas llevado hasta sus puntos más remotos…

Pero la ignorancia puede más, de uno y otro lado del falso dilema. Y haciendo caso a la lúcida respuesta de Antonin Gaudí que me complazco en citar una vez más, recordemos que «para ser originales es preciso volver a los orígenes». Entonces, obedientes al origen del pensamiento clásico, de la mano del Padre Leonardo Castellani, aprendamos que el Estado está para tres cosas: “administrar Justicia, hacer la guerra y construir caminos”. Entendiendo por caminos a todas las iniciativas que no pueden ser emprendidas por el accionar privado, pero que deben transferirse a ese ámbito no burocrático apenas hechos accesibles a la iniciativa particular.

Así de sencillo. Pero también así de alejado del vacío de saber de gobernantes y opositores dentro de un sistema que, por uno y otro lado, se afana en no educar. Porque, ¿qué otra cosa que ignorancia corrupta han esparcido estos gobernantes ufanos por no haber leído libros, mismo desde el bautizado Centro Cultural Kirchner donde nuestra mandataria se ha desmadrado? ¿Y qué otra cosa que falta de profundidad  atacó al playo gobierno que ayudó a volver a estos fenómenos?

IGNORANCIA TRAGICA

Hay que entenderlo. La ignorancia, que debemos aprender a combatir dentro de nosotros mismos hasta el último día, puede provocar jugadas trágicas. Al respecto permítaseme citar a Benedicto XVI frente a nada menos que el problema judío, en estos días en que recordamos la crucifixión del Señor:

¿Quién ha insistido en que Jesús fuera condenado a muerte?… Según Juan, son simplemente ‘los judíos’. Pero esta expresión no indica en modo alguno el pueblo de Israel como tal… A fin de cuentas, Juan mismo pertenecía al pueblo israelita, como Jesús y todos los suyos… En el cuarto Evangelio, pues, el círculo de los acusadores que buscan la muerte de Jesús está descrito con precisión y claramente delimitado: designa justamente a la aristocracia del templo e, incluso en ella, puede haber excepciones, como da a entender la alusión a Nicodemo… En Marcos, en el contexto de la amnistía pascual (Barrabás o Jesús), el círculo de los acusadores se amplía: aparece el ‘ochlos’, que opta por dejar libre a Barrabás. ‘Ochlos’ significa ante todo simplemente un montón de gente, la ‘masa’. No es raro que la palabra tenga una connotación negativa, en el sentido de ‘chusma’… En cuanto a esta ‘masa’ se trata en realidad de partidarios de Barrabás, movilizados para la amnistía… Así, en Marcos, aparecen los ‘judíos’, es decir, los círculos sacerdotales distinguidos, y también el ‘ochlos’, el grupo de partidarios de Barrabás, pero no el pueblo judío propiamente dicho.”  

(Ratzinger J. “Jesús de Nazaret”. Segunda parte. Ed Encuentro, Madrid, 2011. Pág 217).

Claridad iluminadora como pocas para un tema arduo. Que si no lo fuera tanto podría constituír también  antecedente de lo que condena hoy a nuestra Patria: una clase política enquistada por el sistema y la movilización de aplaudidores -hoy transportados en colectivo- interesados a sabiendas o no en que la corrupción persista.

Ante esto -vergüenza ajena e ignorancia en trágica asociación- sólo la verdad puede salvarnos.

Por Hugo Esteva.

Fuente: Diario La Prensa

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