¿Y dónde está el piloto?­

­I Farsa y drama. El título de esta nota es el de una antigua película cómica. Ahora le viene a medida a nuestra realidad. El drama asumió el nombre de la farsa. Aunque se teja de disparates que harían reír, de no ser todo tan triste.­

II Del doble comando. Se ha dicho muchas veces, que el Poder Ejecutivo, desde que asumió la actual administración, está sujeto al doble comando de la Vice y del Presidente. En realidad, el timón lo empuñó siempre Cristina, siendo Alberto una figura meramente protocolar.­

III Desde el primer día. Desde el mismo momento en el que Alberto Fernández dijo su discurso inaugural, Cristina actuó como mandamás. Entonces, con aire displicente, y a ojos vista de todo el Congreso -y de todas las cámaras- leyó por encima del hombro de Alberto, el discurso que éste pronunciaba. Sólo López Rega hizo algo igual, cuando, en el balcón de la Rosada, murmuró el discurso que Isabel leía, anticipándose a cada frase.­

IV Bajada de línea en Plaza de Mayo. Ese mismo día, algunas horas después, Cristina improvisó su propio discurso inaugural dirigiéndose a los allí reunidos y al presidente, allí presente, a quien le indicó -en forma perentoria- cómo debía cumplir con el mandato recibido del pueblo.­

V Las primarias de septiembre. Ahora, luego del encontronazo que sufrió el gobierno en las primarias de septiembre, vino el zarandeo epistolar de Cristina a Alberto, culpándolo de la derrota electoral. Carta en la cual, también le recordó que fue ella quien lo hizo Presidente. Aunque esa carta podría traslucir una vocación de reemplazo, por ahora, no es así.­

VI Golpe para dos. Cuando Cristina se lavó las manos, como si no tuviera nada que ver con la debacle, no convenció a nadie. Es tan titular de la derrota como Alberto, o algo más. Si nunca ocultó que ella mandaba, más aún, lo hizo ostensible, mal puede ahora ocultarse entre bambalinas.­

VII Para Alberto, es tarde. No reaccionó nunca; no va a hacerlo ahora. Con el inmenso poder que confiere la Presidencia se conformó con un rol pasivo, en el cual ninguna decisión importante corrió por su cuenta. Quien al recibir el mando no se despega de su padre político -en este caso, digamos madre- difícilmente lo haga después. Ejemplo: Néstor Kirchner vació de todo poder a Duhalde, apenas asumió siendo que éste lo había izado al más alto cargo.­

VIII El arzobispo que patea al caído. Como si Alberto no estuviera, ya, fuera de juego, recibió patadas en el piso. El arzobispo de La Plata le recriminó la fiestita de Olivos y el haberlo «…visto muy entretenido con el aborto, la marihuana y hasta la eutanasia», mientras la gente lo pasaba mal.­

IX Obvios interrogantes. Ante lo dicho, algunas preguntas caen de maduras: ¿fue Alberto solito? ¿Cristina no tuvo nada que ver? ¿El aborto no lo aprobó el Senado que ella preside? Además, todo esto hubiera sonado distinto si hubiera sido dicho antes de la derrota. Siendo este hombre muy cercano al Papa, parece difícil que éste no estuviera al tanto de tal proclama. Parece que algunos prelados -y tal vez el Vaticano- prefieran cargar la culpa en Alberto y dejar a Cristina y a los suyos a un costado.­

X Cristina no quiere asumir. Aunque adora al poder -y cuanto más absoluto mejor- hoy por hoy, Cristina prefiere ejercerlo a través de intermediarios. Su único plan, es su impunidad. Todo lo demás, es secundario. Es más disimulado sortear las causas penales sin ejercer, a la vez, la Presidencia.­

XI Del gabinete y su jefe. El nuevo gabinete de Alberto combina imposiciones con manotazos de ahogado. No otra cosa son la cancillería en manos de Cafiero y la Seguridad en las de Aníbal Fernández. Este acaba de decir que proveer de pistolas Taser a la policía no es una prioridad, con la misma soltura con la que hace pocos años afirmó que la inseguridad era apenas una «sensación». Por su parte, el jefe ministerial Manzur, combina conflictos de poder en su Provincia, Tucumán, a cuya gobernación -increíblemente- no ha renunciado con una pesada carga de denuncias penales­

XII Volando sin piloto. A Alberto se le pasó el tiempo. Cristina prefiere ejercer el mando como un director de teatro, sin pisar el escenario. Además, ni este gabinete, ni su jefatura, proveen una figura que ofrezca, al menos, un mínimo de autoridad. Hasta noviembre, volamos sin piloto. Y nada asegura que después lo tengamos.­

Por Daniel Zolezzi.

Fuente: Diario La Prensa

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